Una disciplina científica
Si hablamos de Estimulación Temprana (ET) debemos, en este momento,
distinguir entre aquello que constituye una disciplina científica,
interactuante con y desde otras ramas de la ciencia (pediatría,
genética, psicología, psicopedagogía, fonoaudiología, psicomotricidad,
etc.) de aquello que nos sugieren ambos términos “estimulación” más
“temprana”, desde un lugar no profesional y no destinado a ocuparse de
patologías del desarrollo.
La ET como disciplina supone una actividad terapéutica que asiste al bebé hasta los 36 meses, en situación de riesgo por enfermedad o alteraciones en su desarrollo. Implica una complementariedad disciplinaria necesaria para atender las complejidades de las áreas estructurales del desarrollo y un planeamiento y acomodamiento a las circunstancias únicas y particulares de cada niño y su familia. Se trabaja desde una concepción del ser humano como totalidad, integrado, no fragmentado en dichas áreas de desarrollo. No hablamos de aspectos escindidos de la personalidad ni de un niño aislado en sus particulares condiciones de patología; ni de un niño sometido al pronóstico estadístico que dicta una cifra en un libro citando el sindrome, enfermedad o dificultad que lo afecta. Pensamos en la ET como facilitadora de los procesos de armado y estructuración de la personalidad, comprometiendo todos sus aspectos: lo físico, lo emocional, lo intelectual, lo vincular, lo psíquico. Para ello partimos respetando lo que el niño trae y dejando que él, su familia y el terapeuta, encontremos el particular camino para optimizar su crecimiento.
Ayudar a construir
Desde el tratamiento de ET se ofrece al niño y su familia la posibilidad de construir nuevos lugares y amplificar los horizontes que al inicio, aparecían como recortados por una patología o accidente. Que el niño arme y construya su persona desde un lugar positivo y deseante, en relación a sí mismo y su entorno. Que los padres puedan rearmar el proyecto del hijo que desearon en el hijo que vino.
Como ya citamos, los términos “estimulación” y “temprana” nos remiten también quizás al ejercicio de una práctica no profesional. En realidad, la ET es todo aquello que las mamás y papás hacen desde siempre con sus bebés: favorecer su crecimiento brindándole la oportunidad de armar un proyecto personal, una persona con perspectivas de amor, independencia y habilidad.
Mamás que juegan con sus bebés, que a la hora de alimentarlos le dan más que el alimento que consumen, les están abriendo las puertas al propio conocimiento, al ejercicio del placer, a la posibilidad de sentir, a las frustraciones que habrán de sentar las bases de los necesarios límites.
No se trata de someter a un niño a una cantidad de estímulos prefijados, ni de establecer programas de reforzamiento para favorecer la aparición de conductas. Más bien se trata de un continuo ejercicio de las posibilidades lúdicas para incrementar en el niño la utilización y recurrencia de recursos.
No se trata de crear niños-genios; ni de cambiar al hijo que tenemos por el que imaginábamos. Se trata de brindarle al bebé la posibilidad de un crecimiento armónico y maximizar sus posibilidades a partir del encuentro con un espacio de desafío y juego sustentado desde el amor y no desde la competencia.
Algunas maneras de jugar
No hay un camino mejor para favorecer un crecimiento óptimo que utilizar recursos lúdicos. Lo que aprendemos en las etapas iniciales del desarrollo conforman las bases de todo el desarrollo posterior. Y se hace jugando.
Jugando se descubre el propio cuerpo, las sensaciones placenteras; jugando nos internamos en el universo de la música y de las palabras; de los colores y de las imágenes. Jugando ensayamos roles de género, roles de familia. Aprendemos a leer, aprendemos a escribir, aprendemos a expresarnos de cualquier manera desde el juego. ¿Cómo jugar?:
• Hay tradiciones antíquisimas que rescatan el valor relajante y placentero de los masajes al bebé; amén de lo satisfactorio tiene su veta constructiva: tomar conocimiento placentero del propio cuerpo contribuye al armado de un esquema corporal coherente y futuro reservorio de placer y salud.
• Estimular al niño con melodías y ritmos clásicos favorecen el desarrollo de una buena escucha y dimensionan los procesos de atención.
• Permitir que el niño experimente texturas, que exprese, dibuje, toque, pruebe, es incorporar al niño al universo de las sensaciones y las posibilidades.
Y en la medida en que el juego va tomando un lugar importante en el mundo infantil, los primeros y más importantes vínculos se van configurando en este compartir amoroso. El baño, la hora de dormir, el despertar, la hora de la comida; cualquier momento del día es válido para la estimulación lúdico-afectiva. Momentos propicios para que bebés y familia exploren las posibilidades del desarrollo y el juego conjuntos. Lo importante es no confundir estas pautas con programas rígidos y establecidos como rutinas de deportistas. No se trata de entrenar, se trata de favorecer la inclusión de una personita creciendo en un mundo de significado y sentido que le ayuden a construir una personalidad flexible, adaptable y amable.